¡Mátame a mi también!

Pero ahora, si es Tu voluntad, perdona su pecado, y si no, bórrame del libro que has escrito.” Éxodo 32:32 NBLH

De nuevo a la fatigante narrativa del Pueblo de Israel. Vamos a ponernos en panorama:
  • Moisés llevaba 40 días sin comer estando allá con Dios hablando.
  • Dios le dio las Tablas de la Ley Escritas por Su propia mano.
  • Mientras Dios le dictaba a Moisés la manera en que El pueblo debía de honrarle y obedecerle, y acercarse a Él para tener una comunión con Él, el “pueblo de Dios”, declara a Moisés muerto por ausencia, y celebran su Muerte haciendo un ídolo de oro.
Creo que eso es motivo suficiente como para colmar la paciencia de Dios, y así fue. Jehová, como en varias ocasiones, le dice a Moisés que destruiría a Su Pueblo, y que hará uno nuevo con Moisés, pero el líder de Israel, pensando en la Honra del Señor, intercede por Su Pueblo.
Moisés no solamente nos da el retrato de un buen líder, nos enseña que un líder no necesariamente debe de ser perfecto, pero sí debe de ser manso, paciente, humilde, y con un amor completamente sacrificial. Éste amor, debe estar dispuesto a abandonar su propia vida con tal de que el pueblo necio y testarudo viva, y que la honra del Señor sea preservada.

El llamado pastoral incluye el abandono de la vida propia en favor del Pueblo y de la honra de Dios.


En uno de los tantos momentos en los que el pueblo colmó la paciencia de Su Dios Salvador, ese mismo Dios puso en Moisés ese amor de manera que rogara e intercediera para que ese mismo pueblo rebelde fuera preservado. Sí, en ocasiones muchos de ellos sufrieron la paga de su rebeldía, sin embargo, en muchos casos podemos ver la intercesión de Moisés en todos los casos en los cuales Dios estaba más dispuesto en perdonar las faltas que en castigar a Su Pueblo.
Moisés, se pone delante de Dios y le pide que no lo destruya, por causa de Honra de Su Nombre, y por amor al pueblo al que había redimido. Pero no sólo eso, sino que llega a “regatear” con Dios diciendo: “Perdónalos Señor, pero si no los vas a perdonar, ¡mátame a mí también!”. ¡Qué valor y amor de parte de Moisés!

Los ejemplos del Antiguo testamento, no sólo son las advertencias, sino asimismo las virtudes que anuncian el Carácter de Cristo.


Esto nos debe de llevar a la meditación, no sólo a los líderes sino a cada creyente. A pesar de que sabemos que todo eso es una Imagen de lo que en Su momento haría nuestro Señor Jesucristo, pero, en verdad, cuando Pablo dice que todo ésto se ha escrito para ejemplo”, ¿podemos también tomar éste ejemplo para nosotros? ¿Es nuestro cristianismo tal de que estaríamos dispuestos a dar la vida por los demás?
Para eliminar toda clase de espiritualización de los textos, Juan nos muestra en Su Carta que “nosotros debemos poner también nuestra vida por los hermanos” (1 Juan 3:16). En muchas ocasiones queremos vivir el Evangelio de una manera propia, y en ese caminar, olvidamos ver al lado nuestro, al que sufre, al que peca, al que necesita ayuda. El amor de Cristo, nos debe llevar al sacrificio y a la entrega en amor, con el Fin de interceder delante de Dios, y de los hombres a favor de los demás. Después de todo, El Espíritu hace eso mismo delante del Padre por nosotros, y Jesucristo, asimismo intercede. ¿Por qué no habríamos de hacerlo nosotros?
Un líder que, viendo el pecado del pueblo, a pesar de hacerlo en ausencia de él y no haber influido para tal atrocidad, pone su vida para evitar la destrucción del Pueblo, a riesgo de la suya propia. “Si no los perdonas, entonces ¡Mátame a mi también!”.
¿Somos capaces de decir lo mismo?
¿Cuántos líderes interceden por su pueblo de esa manera?
Comparta si ha sido de bendición para su vida. ¡Que la gracia del Señor esté con ustedes!

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