Espíritu nuevo en mente nueva | Devocional Dominical

“y sean renovados en el Espíritu de su mente” (Efesios 4:23)


¡Día del Señor!

La vida del creyente se distingue por un elemento, que si bien es común en las religiones del mundo, sólo tiene un efecto genuino en la fe en Cristo: la renovación de la mente. Todos pueden ofrecerla, pero sólo Cristo puede lograrla.

Nuestra vida va en paralelo y en un sinfonía que abarca toda la creación y que ha tenido su máximo punto en la resurrección de nuestro Señor. Desde ese punto, toda la creación está siendo renovada, hasta el día en que
nuestro amado Señor regrese, y esa renovación alcanza a todos aquellos que se acercan con Fe a la Cruz para ser salvados de sus pecados.

Sin embargo, el corazón muerto del hombre necesita encaminarse a la vida celestial que poco a poco se va acercando su punto escatológico, pues ninguna cosa inmunda habrá de morar allá. Por tanto nuestra mente necesita ser renovada. El mundo, está impregnado de tantos vicios, ideas, pensamientos, modelos, formas y métodos, que incluso, parecen ser tan “bellos” que hasta parecieran ángeles de luz, sin embargo, no son más que formas que se alejan de la Buena Voluntad de Dios.

Y si toda nuestra vida hemos vividos alejados de la Vida en Cristo, nos es necesario que en ésta vida nueva que se nos ha dado, conformemos nuestro corazón y mente a ésta voluntad de Dios, por tanto nos es necesario renovar el Espíritu de nuestra mente.

Si tu mente está llena de enojo, debe ser renovada en alegría.
Si tu mente está llena de odio, debe ser renovada en amor.
Si tu mente está llena de vicios, debe ser renovada en virtud.
Si tu mente está llena de lujuria, debe ser renovada en santidad.
Si tu mente está llena de maledicencias, debe ser renovada en acciones de gracias.

¿Por qué no me puedo quedar como era antes? Puedes pensar. Amado hermano, ¿puedes asegurar que tu antiguo hombre es tan santo como para poder morar en El Monte del Señor y permanecer firme delante de Él?¿Tu mente antigua, te llevaba a una vida santa?

Mira al hombre antiguo ahogado en las aguas bautismales, y ve en él, al objeto de tal ira divina, de modo que halla sido el culpable de la muerte del Hijo de Dios. ¿No nos es mejor el gozo en nuestros corazones que la perturbación
por las aflicciones de éste mundo? ¿Por qué escoger el mal que nos ofrece la naturaleza del pecado antes que la virtud de la Naturaleza divina?

La renovación en nosotros, no sólo es un cambio de mente, es seguir a Cristo en Su Resurrección, para acompañarlo en su exaltación, es nuestra seguridad de que estamos siguiendo La Voz del Pastor, y que Él nos habrá de llevar a los Pastos Celestiales.

¡Que el día de hoy hayas tenido un bello momento en la casa de Dios!
Que la gracia del Señor esté contigo.

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